Reflexión por Mª Isabel de Celis Fraile. Consejo de Pastoral. Comunidades Neocatecumenales. Este Domingo celebramos el día de la Ascensión de Jesús al cielo, día de alegría y esperanza para la humanidad. A los cuarenta días de su resurrección, durante los...
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Reflexión por Mª Isabel de Celis Fraile. Consejo de Pastoral. Comunidades Neocatecumenales. Este Domingo celebramos el día de la Ascensión de Jesús al cielo, día de alegría y esperanza para la humanidad. A los cuarenta días de su resurrección, durante los cuales se apareció a sus discípulos en varias ocasiones, Jesucristo acaba la misión que el Padre le había confiado en la tierra y sube al cielo. Ese cielo que estaba cerrado para nosotros por el pecado de Adán, Jesucristo lo ha abierto con su muerte y resurrección. Y ha subido al cielo a prepararnos un lugar, porque nuestra morada definitiva es el cielo, la felicidad eterna. Él está allí presentando sus llagas ante el Padre, intercediendo por todos los hombres. Ha partido, pero no nos deja solos. Está vivo entre nosotros. Son ciertas sus palabras “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Y está presente en los sacramentos, en la palabra y en su Iglesia, a la que encarga la misión de anunciar el evangelio asistida
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