Caminos contingentes —¿Por qué estás en esta institución mental? —porque descubrí a mí compañero de alto rango que recibia dinero bajo la mesa—decia guiñando el ojo. Eso siempre decía Mauricio al médico que lo atendía En una titánica noche en el sanatorio...
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Caminos contingentes —¿Por qué estás en esta institución mental? —porque descubrí a mí compañero de alto rango que recibia dinero bajo la mesa—decia guiñando el ojo. Eso siempre decía Mauricio al médico que lo atendía En una titánica noche en el sanatorio de salud mental Dolores Salvedad, Mauricio se encontraba recluido por medio de un tecnicismo burocrático. Tomaba pastillas que no necesitaba. Le habían diagnosticado esquizofrenia luego de haber descubierto algunas trampas, sobornos y coimas de parte de unos allegados y compañeros de trabajo. —¿Por qué estás en esta institución mental? —porque descubrí a mí compañero de alto rango que recibia dinero bajo la mesa—decia guiñando el ojo. Esa era su respuesta y cada vez que lo decía, resultaba desaprobado. Siempre fue un hombre intachable. Siempre llegaba temprano al trabajo. Era buen compañero y hacía todo lo que le decian. Ahora Se medicaba tres veces al día. Para evitar las “alucinaciones”. Sin embargo, mucha gente lo quería de vuelta.
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