Estaba en medio de una reunión súper importante con un cliente nuevo cuando el perro del vecino decidió que era el momento perfecto para ladrarle a una mosca. Literalmente no escuchaba mis propios pensamientos y tuve que mutearme tres veces con cara de...
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Estaba en medio de una reunión súper importante con un cliente nuevo cuando el perro del vecino decidió que era el momento perfecto para ladrarle a una mosca. Literalmente no escuchaba mis propios pensamientos y tuve que mutearme tres veces con cara de póker. Al terminar, lo tuve claro: o cambiaba de casa o cambiaba las ventanas. Elegí lo segundo.
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