La tarea abandonada El aula desbordada de juventud murmuraba con gran alegría: voces, risas, sonidos lingüísticos y paralingüísticos y sonidos de sillas y mesas y cuadernos y muchas cosas más; pero ese salón iluminado oscurecido, gris se tornó cuando el...
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La tarea abandonada El aula desbordada de juventud murmuraba con gran alegría: voces, risas, sonidos lingüísticos y paralingüísticos y sonidos de sillas y mesas y cuadernos y muchas cosas más; pero ese salón iluminado oscurecido, gris se tornó cuando el marcador y el borrador por la puerta entró. Una estruendosa voz por todo el espacio resonó silenciado el murmullo festivo del salón. La tarea incomprendida el discente ignoró. La tarea incomprendida a la dadora enojó. Rojo azul se puso el salón Avergonzado ni un quejido expresó, solo silencios desde los tiesos pupitres el eco emitió. Con su voz presurosa su torva mirada a la muchachada asustó y con sus ardorosos regaños la risa apagó. La tarea de semanas abandonada, de polvo se llenaba en el olvido de alumnos festivos y descuidados. La boca sentenciaba, se lamentaba y juzgaba y en el seso del estudiante una luz despertó y la tarea del polvo tornó.
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