Era una noche que parecía otra cualquiera en aquel invierno porteño, un 29 de julio de 1966. Pero el aire ya estaba enrarecido por el tufillo de las botas. La Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal tenía órdenes claras, directas, que...
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Era una noche que parecía otra cualquiera en aquel invierno porteño, un 29 de julio de 1966. Pero el aire ya estaba enrarecido por el tufillo de las botas. La Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal tenía órdenes claras, directas, que bajaban de la prepotencia del "Caos" que se autodenominaba "Revolución Argentina". El objetivo: cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Lo que sucedió allí, lo que la historia bautizaría con la sangre y el escarnio como "La Noche de los Bastones Largos", no fue un simple desalojo. Fue un asalto, un latigazo al corazón de la inteligencia que se resistía a ser domesticada. Fue el mojón, el hito que marcó la lucha contra el cercenamiento de las libertades democráticas que el onganiato, ese régimen de uniformes y rosarios, imponía a fuerza de palos y planes de ajuste, persiguiendo a obreros y estudiantes por igual.
Pero para entender el horror, compañeros, hay que mirar atrás. Hay que hurgar en las heridas que aún sangraban.
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