En el panorama afectivo de la Argentina, el fútbol no pertenece al orden del simple entretenimiento pasatista ni de las industrias culturales estandarizadas. Si bien es cierto que el ocio se combina estrechamente con su negación, es decir, el negocio,...
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En el panorama afectivo de la Argentina, el fútbol no pertenece al orden del simple entretenimiento pasatista ni de las industrias culturales estandarizadas. Si bien es cierto que el ocio se combina estrechamente con su negación, es decir, el negocio, configura un hecho social. Así, como lo percibimos en la realidad física de las calles y en la realidad digital de las redes sociales, se trata de un fenómeno que atraviesa la economía, la política y la producción simbólica al servicio de la construcción de la identidad colectiva. En este sentido, y de modo especial cuando juega la Selección Nacional, se activa en el entramado social una gramática comunitaria que excede la lógica del mercado. Se trata de un ámbito donde la cancha, la calle y la tribuna operan como espacios de congregación y, muchas veces, de comunión.
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