Viernes a la noche Siempre que entro a mi habitación, está el mismo aroma. La humedad de las paredes; las manchas que he intentado quitar repetidas veces, pero ya encontraron su lugar en los cuadros. Y siempre vuelvo a acostarme, vuelvo a la misma cama que...
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Viernes a la noche Siempre que entro a mi habitación, está el mismo aroma. La humedad de las paredes; las manchas que he intentado quitar repetidas veces, pero ya encontraron su lugar en los cuadros. Y siempre vuelvo a acostarme, vuelvo a la misma cama que conozco de pies a cabeza (por más que no entre por completo). tomo aire, como si fuera cotidiano, normal. Y lloro. Lloro con la misma naturalidad que veo las manchas y respiro. Y observo. Observo los cuadros con tanta fragilidad como ellos lo hacen con sus papeles arrugados. “¿Por qué no pudiste solo esperar a que volviera?” Tu taza sigue esperándote. 29
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