En el corazón de esta iniciativa estuvieron Jessica L. Soto, diseñadora, madre y gestora cultural de 45 años, y su hija, Bárbara Jaso, de apenas 16, pero con una mirada aguda y comprometida. Juntas, diseñaron cada detalle del evento que reunió a familias,...
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En el corazón de esta iniciativa estuvieron Jessica L. Soto, diseñadora, madre y gestora cultural de 45 años, y su hija, Bárbara Jaso, de apenas 16, pero con una mirada aguda y comprometida. Juntas, diseñaron cada detalle del evento que reunió a familias, jóvenes creadores, ambientalistas y pensadores para imaginar el México del futuro desde la belleza del presente.
El evento: un jardín para el diálogo
“Raíces Vivas” no fue un festival convencional. Se trató de una experiencia inmersiva, donde los asistentes podían caminar por un “laberinto sensorial” diseñado con flores nativas, escuchar conciertos de cuencos y cuerdas al atardecer, asistir a talleres de eco-arte con materiales orgánicos, o escribir sus propios manifiestos en papeles de semilla.
“La idea era que todos se sintieran parte del proceso creativo y reflexivo. Que no fueran solo espectadores, sino sembradores de algo simbólico y real,” explica Jessica, sentada en una banca de piedra junto a un rosal blanco, con una
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