Prólogo
Cuando conocí algunos panteones en Chiapas, me sorprendió la forma de muchas de las lápidas: casas en miniatura, como si se tratara de casas de muñecas o de personas diminutas. De inmediato las asocié con minificciones: ahí tendrían que ocurrir...
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Prólogo
Cuando conocí algunos panteones en Chiapas, me sorprendió la forma de muchas de las lápidas: casas en miniatura, como si se tratara de casas de muñecas o de personas diminutas. De inmediato las asocié con minificciones: ahí tendrían que ocurrir situaciones insólitas, fantásticas.
En las anécdotas de los amigos, descubrí que la expresión para pedir dulces la noche del primero de noviembre era “Calabacita, tía”, tierna como la misma calabacita que engalana la ofrenda y la merienda. La generosidad asociada a lo familiar hace que resulte lógico el vocablo de “tía”. En cuanto Karla Barajas me habló del proyecto, ambas referencias cobraron sentido: ¡Calabacita, tías! es una reunión de minificciones visuales y escritas que debía existir para mostrar el profundo significado que el estado de Chiapas ha construido a propósito de la muerte, lo sobrenatural y la síntesis de ambos: los Días de Muertos. Chiapas, con su extraordinaria diversidad, sale al paso en
cada página de esta antolog
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