EL burro CON PIEL DE LEÓN Érase una vez un comerciante de Cartagena llamado Iván que se ganaba la vida vendiendo aceitunas en la gran ciudad. El trayecto desde su pueblo hasta el mercado era largo, así que todas las mañanas colocaba la mercancía sobre el...
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EL burro CON PIEL DE LEÓN Érase una vez un comerciante de Cartagena llamado Iván que se ganaba la vida vendiendo aceitunas en la gran ciudad. El trayecto desde su pueblo hasta el mercado era largo, así que todas las mañanas colocaba la mercancía sobre el lomo de su inseparable burro de pelo gris, y cuando estaba listo partían juntos hacia su destino. Gracias a que el burro era fuerte, veloz y gozaba de muy buena salud, los sacos llegaban siempre en perfecto estado al puesto de venta. Iván apreciaba el esfuerzo diario del animal y estaba orgulloso de lo bien que trabajaba, pero a decir verdad había una cosa de él que le fastidiaba un montón: ¡comía mucho más que cualquier otro de su misma especie! La razón era que como cargaba tanto peso gastaba mucha energía, y al gastar mucha energía necesitaba reponer fuerzas continuamente. El hombre, buena persona, pero muy tacaño, solía lamentarse ante el resto de los comerciantes de lo caro que resultaba alimentarlo ocho veces al día.
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