SSe sabe que en un pueblecito pasqueño, hace ya muchísimos años, vivía una anciana de tétrica figura, siempre trajeada de negro que era dueña de una chacra a las afueras del pueblo. A la llegada de cada cosecha, debido a extrañas y mágicos conjuros que...
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SSe sabe que en un pueblecito pasqueño, hace ya muchísimos años, vivía una anciana de tétrica figura, siempre trajeada de negro que era dueña de una chacra a las afueras del pueblo. A la llegada de cada cosecha, debido a extrañas y mágicos conjuros que realizaba diariamente, obtenía considerables cantidades de grandes y harinosas papas, en tanto que sus vecinos, sólo ralas, pequeñas, aguanosas y agusanadas. Nadie comprendía el por qué de este prodigio; es más, como no habían podido arrancarle una sola palabra, vivían intrigados acerca de su identidad. Así las cosas, a la llegada de la cosecha de aquel año, nuevamente las papas más abundantes y hermosas fueron para ella. Los vecinos, la mirada torva e inconforme, veían cómo la anciana almacenaba las enormes papas en su gigantesco troje. Una noche, mientras la vieja dormía, un sapo de enormes proporciones y repulsivo aspecto que había logrado introducirse en el hórreo, comenzó a devorar aquellos apetitosos tubérculos. El escandaloso ruid
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