Jaime Viladecans Riutorts, abogado. Mientras marcaba el número de teléfono gritó a Biscuter que le calentara algo para cenar. Oyó el trajín en la pequeña cocinilla que Biscuter había improvisado camino del lavabo. Biscuter canturreaba contento por el...
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Jaime Viladecans Riutorts, abogado. Mientras marcaba el número de teléfono gritó a Biscuter que le calentara algo para cenar. Oyó el trajín en la pequeña cocinilla que Biscuter había improvisado camino del lavabo. Biscuter canturreaba contento por el encargo, y la perrita trataba de morder el hilo del teléfono. Dos secretarias significaron la distancia y la importancia del comunicante. Finalmente, se puso al teléfono una voz de lord inglés con acento de pijo de la Diagonal. -Es un asunto muy delicado. Tendríamos que hablarlo personalmente. Apuntó la cita, colgó y se dejó caer en el sillón rotatorio con cierta satisfacción en el cuerpo. Biscuter extendía delante de él una servilleta y sobre ella quedó un humeante plato de madriguera con chanfaina. La perra trató de compartir la comida. Carvalho la depositó delicadamente en el suelo y le puso un pedacito de madriguera sobre un papel blanco. -Tienen razón. A veces los hijos llegan con un pan bajo el brazo. Viladecans llevaba alfiler de co
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