El barranco José María Arguedas En el barranco de K’ello-k’ello se encontraron, la tropa de caballos de don Garayar y los becerros de la señora Grimalda. Nicacha y Pablucha gritaron desde la entrada del barranco: -¡Sujetaychis! ¡Sujetaychis! (¡Sujetad!)...
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El barranco José María Arguedas En el barranco de K’ello-k’ello se encontraron, la tropa de caballos de don Garayar y los becerros de la señora Grimalda. Nicacha y Pablucha gritaron desde la entrada del barranco: -¡Sujetaychis! ¡Sujetaychis! (¡Sujetad!) Pero la piara atropelló. En el camino que cruza el barranco, se revolvieron los becerros, llorando. -¡Sujetaychis! Los mak’tillos Nicacha y Pablucha subieron, camino arriba, arañando la tierra. Las mulas se animaron en el camino, sacudiendo sus cabezas; resoplando las narices, entraron a carrera en la quebrada, las madrineras atropellaron por delante. Atorándose con el polvo, los becerritos se arrimaron al cerro, algunos pudieron volverse y corrieron entre la piara. La mula nazqueña de don Garayar levantó sus dos patas y clavó sus cascos en la frente del “Pringo”. El “Pringo” cayó al barranco, rebotó varias veces entre los peñascos y llegó hasta el fondo del abismo. Boqueando sangre murió a la orilla del riachuelo. La piara siguió, queb
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