Arguedas, José María. 1986. El sexto. Lima. Editorial Horizonte. Primera Edición. Pp. 11-41; 71-91; 109-129 [Cap. Arbitrario I, II, III, VI,VII ,IX] I Nos trasladaron de noche. Pasamos directamente por una puerta, del pabellón de celdas de la intendencia al...
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Arguedas, José María. 1986. El sexto. Lima. Editorial Horizonte. Primera Edición. Pp. 11-41; 71-91; 109-129 [Cap. Arbitrario I, II, III, VI,VII ,IX] I Nos trasladaron de noche. Pasamos directamente por una puerta, del pabellón de celdas de la intendencia al patio del Sexto. Desde lejos pudimos ver, a la luz de los focos eléctricos de la ciudad, la mole de la prisión cuyo fondo apenas iluminado mostraba puentes y muros negros. El patio era inmenso y no tenía luz. A medida que nos aproximábamos, el edificio del Sexto crecía. Ibamos en silencio. Ya a unos veinte pasos empezamos a sentir su fetidez. Cargábamos nuestras cosas. Yo llevaba un delgado colchón de lana; era de los más afortunados; otros sólo tenían frazadas y periódicos. Marchábamos en fila. Abrieron la reja con gran cuidado, pero la hicieron chirriar siempre, y cayó después un fuerte golpe sobre el acero. El ruido repercutió en el fondo del penal. Inmediatamente se oyó una voz grave que entonó las primeras notas de la Marselles
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