Ivet Capdevila LA FUENTE DE LOS DESEOS Creo que fue en agosto, de vacaciones, dónde, vagando por las calles de Cuenca, me encontré un libro en un sillón, delante de una librería llena de plantas y gatos. “Qué extraña” pensé. Pero, de algún modo, ese lugar...
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Ivet Capdevila LA FUENTE DE LOS DESEOS Creo que fue en agosto, de vacaciones, dónde, vagando por las calles de Cuenca, me encontré un libro en un sillón, delante de una librería llena de plantas y gatos. “Qué extraña” pensé. Pero, de algún modo, ese lugar me atraía. Me acerqué en el sillón y agarré dicho libro. No soy un entusiasta de los libros, a mi edad, lo mucho que he leído son clichés de videojuegos. Aunque, me acuerdo, de mi libro favorito de cuándo era pequeño. “El principito”, de Antoine de Saint-Éxúpery. “La fuente de los deseos”. “Eso es muy cliché”, di. “¿No… tiene autor?”, para mi sorpresa, que, pensaba que sería del ya mencionado autor de “el principito”, no, era anónimo. Pero eso… me dio el empujón a leerlo. “Arriba, justo enfrente de las grandes montañas, en una colina vestida de verde verano, dónde se ve todo el pueblo pequeño, en medio de unos árboles altos, aparece un lago. O quizás un pozo. No, era una fuente. Pero parecía que dentro hubiera un túnel que continuaba
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