—Eso no es oro —dijo Mord. « ¡Me atiende!» , pensó Ty rion. —Cuando me capturaron me quitaron la bolsa, pero el oro sigue siendo mío. Cately n Stark es capaz de tomar prisionero a un hombre, pero nunca se rebajaría a robarle. Eso no sería honorable. Si me...
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—Eso no es oro —dijo Mord. « ¡Me atiende!» , pensó Ty rion. —Cuando me capturaron me quitaron la bolsa, pero el oro sigue siendo mío. Cately n Stark es capaz de tomar prisionero a un hombre, pero nunca se rebajaría a robarle. Eso no sería honorable. Si me ay udas, te daré todo el oro. —La correa de Mord restalló de nuevo, pero fue un golpe desganado, sin objetivo, lento, desdeñoso. Ty rion cogió la tira de cuero con la mano y la retuvo—. Y tú no correrás ningún riesgo. Solo tienes que transmitir un mensaje. —Un mensaje —dijo el carcelero con el ceño muy fruncido, como si fuera la primera vez que oía aquellas palabras, y arrancó la correa de la mano de Ty rion. —Eso mismo. Solo tienes que darle un recado a tu señora. Dile que… — ¿Qué? ¿Qué podía inspirarle compasión a Ly sa Arry n? De repente, la inspiración acudió a Ty rion Lannister—. Dile que quiero confesar mis crímenes. Mord alzó el brazo de nuevo, y Ty rion se preparó para recibir otro golpe, pero el carcelero titubeó. Se le veía
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