Malta: cinco días, 34 alumnos y un mar que se llevó hasta las gafas Viajar con alumnos siempre es una aventura. Pero lo de Malta fue mucho más que eso: fue una mezcla perfecta de caos, aprendizaje, risas y supervivencia emocional bajo el sol del...
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Malta: cinco días, 34 alumnos y un mar que se llevó hasta las gafas Viajar con alumnos siempre es una aventura. Pero lo de Malta fue mucho más que eso: fue una mezcla perfecta de caos, aprendizaje, risas y supervivencia emocional bajo el sol del Mediterráneo. Silvia y yo aterrizamos allí con la esperanza ingenua de que todo saliera según lo previsto. Y, sorprendentemente, salió. Aunque entre medias hubo nervios, pérdidas absurdas, dramas gastronómicos y suficientes caídas en la playa como para grabar un documental. El aeropuerto: el verdadero inicio del viaje Antes incluso de despegar ya entendimos que aquello prometía. El aeropuerto se convirtió rápidamente en un espectáculo improvisado. Malta: una postal hecha isla Y entonces apareció Malta. Dorada. Brillante. Cálida. Una mezcla imposible entre Grecia, Turquía y una película grabada eternamente al atardecer. Clases por la mañana, supervivencia playera por la tarde Las mañanas transcurrían sorprendentemente bien. Tal vez porque todos
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