Don Romualdo es hosco, seco, mal encarado. Pero no solo es eso. Su balanza es de poco fiar (no obstante los ellos que la aprueban) y en caso de duda, siempre la resuelve a su favor. Si un cliente le reclama, Don Romualdo es capaz de repartir salomónicamente...
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Don Romualdo es hosco, seco, mal encarado. Pero no solo es eso. Su balanza es de poco fiar (no obstante los ellos que la aprueban) y en caso de duda, siempre la resuelve a su favor. Si un cliente le reclama, Don Romualdo es capaz de repartir salomónicamente una tortilla con tal de no ceder en un gramo. Para colmo de abusos, casi nunca tiene cambio y entonces lo “complementa” con tortillas, pero a un precio fuera de la tarifa oficial. Y heme aquí un soleado medio día, formada en la larga cola compuesta por amas de casa, albañiles, niños acomedidos, jóvenes con uniforme de secundaria y domésticas amas de las casas ricas. La espera tiene trazas de durar.
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