Primero de noviembre De mi cuerpo da razón lo sucedido el primero de noviembre del año pasado. Estaba yo dándole al trabajo de vendedor de chucherías, en el centro de la ciudad. Todavía era de mañana. Llovía a cántaros. No pude sacar mi chacita. Esto...
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Primero de noviembre De mi cuerpo da razón lo sucedido el primero de noviembre del año pasado. Estaba yo dándole al trabajo de vendedor de chucherías, en el centro de la ciudad. Todavía era de mañana. Llovía a cántaros. No pude sacar mi chacita. Esto traduce que no pude trabajar y que la familia no tuvo que comer. Yo guardo unos pesitos en la almohada de la cama. Es el capitalito. O el plante, que llamamos quienes tenemos este oficio. Eran sagrados. De lo contrario no podría trabajar. Hoy fue lo de la lluvia. Pero, casi todos los días nos dispersaban los del Esmad. Además, a muchos y muchas de nosotros (as) nos decomisan la mercancía. Simplemente, nos decía, “Esta es la prueba de la flagrancia”. Decía que lo sucedido ese primero de noviembre. O la Fiesta de Todos los Santos”. Tuvo enorme repercusión. Llegué al Cementerio Central, llamado “El Buen Dios”, a eso de las cuatro de la tarde. Acompañaba a mi compadre Rómulo Augusto Piñeres. Por cierto un hombre de esos que llaman “de talante
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