A cada paso, la tierra me llama, me abraza el sol y el viento sereno, los pájaros, testigos del tiempo, cantan verdades al alma y al suelo. Los arreos cruzan el vasto horizonte, texturas que envuelven, herencia y destreza, su esfuerzo es vida, es sangre y...
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A cada paso, la tierra me llama, me abraza el sol y el viento sereno, los pájaros, testigos del tiempo, cantan verdades al alma y al suelo. Los arreos cruzan el vasto horizonte, texturas que envuelven, herencia y destreza, su esfuerzo es vida, es sangre y raíz, en la inmensidad que me envuelve de calma. Aquí late el pulso que siento tan mío, la tierra que nutre, sorprende y revela, en cada imagen, un rastro profundo, de lo que soy y de Varvarco, su esencia.
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