Después nos topamos con la vertiente neorromántica del asunto, apoyada en el deseo de experimentar aventuras inusuales y la pretensión de parecer diferente frente a los demás; defendiendo heterogeneidades y escudándose en discursos emocionales con los que...
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Después nos topamos con la vertiente neorromántica del asunto, apoyada en el deseo de experimentar aventuras inusuales y la pretensión de parecer diferente frente a los demás; defendiendo heterogeneidades y escudándose en discursos emocionales con los que se busca superar el “maligno” materialismo vigente. Se abren de ese modo senderos espiritualizados, idealistas y claramente contraculturales, heredados de cosmovisiones sesentistas con fuertes influencias esotéricas y ocultistas derivadas de escuelas mistéricas nacidas en la segunda mitad del siglo XIX, en las que —entre otras muchas cosas— la existencia de “mundos perdidos” (supra e intraterrenos) fue la norma.
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