Estamos invadidos de mentiras. Bombardeados por rumores. Sitiados por falsas noticias y exageraciones. Asustados a diario por amenazas ficticias que, de tanto repetirse, terminan condicionando la percepción de la realidad. Y es el miedo la principal materia...
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Estamos invadidos de mentiras. Bombardeados por rumores. Sitiados por falsas noticias y exageraciones. Asustados a diario por amenazas ficticias que, de tanto repetirse, terminan condicionando la percepción de la realidad. Y es el miedo la principal materia prima con la que ésta se construye, generando prejuicios, alimentando sospechas y sumergiendo a las mayorías en un océano de temores, reales y ficticios, que acechan en todo momento.
Como dijera Jean Delumeau con relación a la Edad Moderna temprana, “Vivimos en una ciudad sitiada”. Rodeada de amenazas, de monstruos, con los que se manipula y se confina a la gente a vivir un individualismo exacerbado, en extremo egoísta, sin deberes ni obligaciones. Personas comprometidas únicamente con ellas mismas, pero impulsadas a propagar advertencias morales, a diestra y siniestra, convirtiendo el mundo en un infierno de salvadores.
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