Todo pueblo es, en el fondo, la construcción de una idea. Un entramado complejo de códigos culturales que necesariamente no son los mismos en “el centro” de la localidad (en el que se ubican la plaza principal, la municipalidad, la iglesia, la comisaría y...
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Todo pueblo es, en el fondo, la construcción de una idea. Un entramado complejo de códigos culturales que necesariamente no son los mismos en “el centro” de la localidad (en el que se ubican la plaza principal, la municipalidad, la iglesia, la comisaría y la escuela primaria) que aquellos espacios que se extienden, real o simbólicamente, “más allá de la vías”. Hay todo un bagaje ideológico que, moldeado por la historia, predispone a los forasteros a reducir esos pueblos “del interior” a un complejo y lamentable cúmulo de prejuicios. Esa dicotomía que Domingo Faustino Sarmiento condensó con solo dos palabras: civilización y barbarie. Siendo la última —más como adjetivo que como sujeto— la que quedó ligada a los pueblos referidos.
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