Había una vez en una ciudad llena de edificios altos muy altos que parecen llegar al cielo como queriéndole hacer cosquillas al cielo, unos funcionaban como oficinas y otros tantos tenían dentro pequeños departamentos, algunos locales de ropa, zapatos,...
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Había una vez en una ciudad llena de edificios altos muy altos que parecen llegar al cielo como queriéndole hacer cosquillas al cielo, unos funcionaban como oficinas y otros tantos tenían dentro pequeños departamentos, algunos locales de ropa, zapatos, comida, un parque por aquí, un parque por allá, pequeñas casas en algunas calles, museos, teatros y autos muchos autos. Ahí vivía una pequeña llamada Sofía, era una linda niña, con unos rizos que parecían resortes, unos ojos chispeantes y verdes tan verdes como las esmeraldas, además de enormes, era tan inquieta y su padre decía que muy preguntona, su mamá pensaba que al ser tan intrépida podría recorrer en un abrir y cerrar de ojos, sin olvidarse de cada detalle que vieran sus ojos, ansiaba verla crecer, más fuerte y hermosa cada día. Sofía vivía rodeada de adultos que parecían entender poco de la vida, trabajaban mucho, disfrutaban poco y descansaban casi nada, se les había olvidado admirar el cielo, oler las flores, caminar lento y si
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