Daniel está sentado en el suelo del salón de su casa viendo televisión. De pronto, se levanta emocionado. - ¡Yupi! ¡Bravo! – dice Daniel saltando de alegría - ¡Los niños vamos a salir a la calle! ¡No tendremos que estar encerrados en casa! ¡Ya no hay...
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Daniel está sentado en el suelo del salón de su casa viendo televisión. De pronto, se levanta emocionado. - ¡Yupi! ¡Bravo! – dice Daniel saltando de alegría - ¡Los niños vamos a salir a la calle! ¡No tendremos que estar encerrados en casa! ¡Ya no hay peligro de enfermar! Su papá, que estaba sentado leyendo un libro, lo mira asombrado. - Eso no es del todo cierto Daniel – le replica el papá con cariño. -Pero, lo han dicho en la televisión – se queja el niño. El papá, un poco apenado por estropear el estallido de alegría del pequeño, le explica con mucha dulzura: - Ese virus, al que tú llamas bicho, aún no ha desaparecido. Hay personas que tienen el virus en su cuerpo y no lo saben. Cuando esas personas salen a com- prar alimentos o van a trabajar y tosen en la calle o tocan las cosas, reparten el virus por todos los sitios sin saberlo. - Vale papá – admite Daniel – Entonces, llamaré a Margarita para vernos en el parque y jugar juntos porque, allí no estará el bicho, ¿verdad papá? - Lo s
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