EL TESORO DE LA AMISTAD Recibí una llamada telefónica de un buen amigo. Me alegró mucho su llamada. Lo primero que me preguntó fue: ¿Cómo estas? Y sin saber por qué, le contesté: “Muy solo”. “¿Quieres que hablemos?”, me dijo. Le respondí que si y me dijo:...
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EL TESORO DE LA AMISTAD Recibí una llamada telefónica de un buen amigo. Me alegró mucho su llamada. Lo primero que me preguntó fue: ¿Cómo estas? Y sin saber por qué, le contesté: “Muy solo”. “¿Quieres que hablemos?”, me dijo. Le respondí que si y me dijo: “¿Quieres que vaya a tu casa?”. Y respondí que sí. Colgó el teléfono y en menos de quince minutos él ya estaba llamando a mi puerta.
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