UN DISFRAZ DE LOBO FEROZ Cristina Granja Cortés Ilustraciones: Barbara Granja Cortés Wolfi no era un lobo como los que salen en los cuentos. De hecho no se parecía nada a un lobo de verdad. Esto era así porque siendo tan solo un cachorrito, un Rey lo...
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UN DISFRAZ DE LOBO FEROZ Cristina Granja Cortés Ilustraciones: Barbara Granja Cortés Wolfi no era un lobo como los que salen en los cuentos. De hecho no se parecía nada a un lobo de verdad. Esto era así porque siendo tan solo un cachorrito, un Rey lo encontró mientras cazaba por el bosque. Este Rey tenía tres hijas trillizas que no paraban de hacer trastadas. Al ver al pequeño lobito, el Rey tuvo una idea: «Mis hijas estarán más entretenidas si cuidan una mascota» pensó «y dejarán de darme la lata». Así fue como sucedió. Wolfi fue criado en el castillo por las tres princesitas. Cada día, las niñas jugaban sin parar con Wolfi, se montaban a caballito sobre su lomo, lo llenaban de lacitos y le gastaban un montón de bromas que Wolfi soportaba sin un solo gruñido. Después, por la tarde, salían a pasear por el bosque hasta que se hacía de noche. Entonces volvían al castillo y bañaban a Wolfi en la bañera real, y para ello gastaban un bote de champú, uno de suavizante, un peine, siete toalla
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