El gato y los ratones Había una vez un gato muy cazador que no dejaba en paz a los ratones. Los ratones, del miedo, no salían de sus cuevas ni para ir a comprar queso a los ratones queseros. Un sábado por la noche, el gato se fue de parranda y los ratones...
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El gato y los ratones Había una vez un gato muy cazador que no dejaba en paz a los ratones. Los ratones, del miedo, no salían de sus cuevas ni para ir a comprar queso a los ratones queseros. Un sábado por la noche, el gato se fue de parranda y los ratones aprovecharon para reunirse. —Tenemos que unirnos y luchar contra el enemigo gato —dijo un ratoncito. —¡Vivimos con el corazón en la boca! —dijo otro. Entonces, un ratón viejo y sabio propuso lo siguiente: —A este gato hay que agarrarlo dormido y atarle al cuello una cinta con un cascabel. Cuando oigamos ¡tilín! ¡tilín! sabremos que se acerca. Y cuando no oigamos ¡tilín! ¡tilín! nos pasearemos tranquilos. Era una idea genial. Todos la festejaron mucho. Pero... ¿quién le ponía el cascabel al gato? —Yo no sé poner cascabeles —dijo un ratón. —Yo no sé atar cintitas —dijo otro. Uno por uno, todos se disculparon. Y, a pesar de que habían aplaudido al ratón sabio, nadie se atrevió a ponerle el cascabel al gato. Porque es fácil decir: «Hay qu
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