HABITAR EL INSTANTE: POR QUÉ NO NECESITAMOS MÁS TIEMPO, SINO MÁS VIDA "Tal vez no se trate de darle más tiempo a la vida, sino de darle más vida al tiempo". Esta premisa nos confronta con nuestra obsesión más moderna y estéril: la cantidad. Vivimos pegados...
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HABITAR EL INSTANTE: POR QUÉ NO NECESITAMOS MÁS TIEMPO, SINO MÁS VIDA "Tal vez no se trate de darle más tiempo a la vida, sino de darle más vida al tiempo". Esta premisa nos confronta con nuestra obsesión más moderna y estéril: la cantidad. Vivimos pegados al reloj, contando segundos, minutos y horas como si fueran monedas que podemos acumular, rogando por prórrogas y tiempos añadidos, mientras el presente se nos escapa entre los dedos, vacío de sustancia. Tenemos la absurda y casi trágica manía de esperar a que la vida nos propine una bofetada para empezar a valorarla. Parece que necesitamos sentirnos víctimas de una pérdida, de una enfermedad o de un golpe del destino para entender que el telón de esta obra de teatro se cerrará en cualquier momento. ¿Por qué esperar al golpe para mirar a los ojos? ¿Por qué aguardar a la tragedia para decir un "te quiero" que debió ser dicho hace años? Darle vida al tiempo es comprender que no estamos en una carrera de resistencia, sino ante un acto p
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