LA NORMA FRENTE AL PULSO POPULAR La salud de una democracia no se mide por la capacidad de sus gobernantes para satisfacer los deseos inmediatos de las mayorías, sino por su sometimiento irrestricto al bloque de constitucionalidad. En la actual coyuntura...
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LA NORMA FRENTE AL PULSO POPULAR La salud de una democracia no se mide por la capacidad de sus gobernantes para satisfacer los deseos inmediatos de las mayorías, sino por su sometimiento irrestricto al bloque de constitucionalidad. En la actual coyuntura preelectoral colombiana, observamos con preocupación una tendencia hacia el «voluntarismo político», donde se pretende que la aclamación popular o la conveniencia social primen sobre el rigor administrativo. El Estado de Derecho exige recordar una máxima olvidada: Dura lex, sed lex (La ley es dura, pero es la ley); su cumplimiento no es opcional ni está sujeto a plebiscitos de opinión. Esta peligrosa deriva se manifiesta, en primer lugar, en la flexibilización del gasto público con fines distributivos pues bajo la bandera del bien social, se han implementado subsidios y transferencias que, si bien gozan de respaldo en sectores vulnerables, omiten con frecuencia el debido proceso o carecen de una fuente de financiación clara ajustada a
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