NO DEJES QUE TU LEALTAD TE MANTENGA DONDE TU SENTIDO COMÚN TE HABRÍA ECHADO A PATADAS Muchas veces entendemos la lealtad como la permanencia absoluta al lado de alguien o algo, independientemente de lo que haga o diga. Pero eso no es lealtad. Eso es una...
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NO DEJES QUE TU LEALTAD TE MANTENGA DONDE TU SENTIDO COMÚN TE HABRÍA ECHADO A PATADAS Muchas veces entendemos la lealtad como la permanencia absoluta al lado de alguien o algo, independientemente de lo que haga o diga. Pero eso no es lealtad. Eso es una prisión disfrazada de virtud. Hay una frase que entra como un puñetazo en el pecho, de esas que no se olvidan: "No dejes que tu lealtad te mantenga en lugares donde tu sentido común te hubiera echado a patadas". Y duele porque nos reconocemos en ella. Porque todos, en algún momento, hemos confundido la lealtad con la incapacidad de irnos. La lealtad verdadera no es un cheque en blanco que se firma al principio de una relación, amistad o causa, y que luego se paga cueste lo que cueste, sin importar lo que pase después. La lealtad no es una condena perpetua. Es, como bien lo planteó el escritor y comunicólogo cubano Félix Garzón Céspedes, una decisión que se rige por principios y valores fundamentales del ser humano. No por circunstancias
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