DEMOCRACIA La democracia es sagrada y el ciudadano es soberano, y con eso no se apuesta. Colombia lo demostró votando dos veces y diciendo, las dos veces, exactamente lo mismo. En la primera vuelta entre amplio número de candidatos, y en junio, para la...
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DEMOCRACIA La democracia es sagrada y el ciudadano es soberano, y con eso no se apuesta. Colombia lo demostró votando dos veces y diciendo, las dos veces, exactamente lo mismo. En la primera vuelta entre amplio número de candidatos, y en junio, para la segunda, redujo la decisión a dos. En ambas ocasiones ganó Abelardo de la Espriella, esta vez con una ventaja de 250 mil votos que lo convirtió en el presidente más votado en la historia del país. Una diferencia que no admite relectura. Pero no ganó en un escenario fácil. Mientras hacía campaña, el gobierno saliente disparó el gasto en pauta institucional, se saltó las reglas fiscales y acumuló denuncias por intervención indebida en política. Hay expresiones que señalan que en las zonas en donde el Estado ha perdido presencia, fuerzas al margen de la ley promovieron su candidato. El tablero estaba servido para el otro lado, y aun así ganó la oposición. Esos son los hechos. Lo que vino después ya no pertenece a los hechos, sino al relato
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