LATINO O HISPANO: UNA IDENTIDAD NO PUEDE REDUCIRSE A UNA LENGUA La discusión sobre quiénes pueden llamarse latinos suele presentarse como un asunto semántico, pero en realidad es una discusión sobre la historia, la identidad y la manera en que los pueblos...
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LATINO O HISPANO: UNA IDENTIDAD NO PUEDE REDUCIRSE A UNA LENGUA La discusión sobre quiénes pueden llamarse latinos suele presentarse como un asunto semántico, pero en realidad es una discusión sobre la historia, la identidad y la manera en que los pueblos entienden su propia herencia. Antes de adoptar etiquetas contemporáneas conviene preguntarse qué significaron originalmente y qué parte de nuestra realidad alcanzan verdaderamente a explicar. La palabra latino no nació en América ni en el siglo XX. Procede de Latinus, vinculado inicialmente con los habitantes del Lacio y, más tarde, con quienes quedaron incorporados al mundo romano. En su sentido histórico más fuerte, la latinidad implicaba una relación directa con Roma: romanización, derecho romano, instituciones romanas, ciudades, administración y continuidad cultural derivada de aquella presencia. Roma no estuvo en América. No hubo aquí provincias romanas, legiones romanas, ciudades fundadas por Roma ni una transmisión directa del
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