NARRATIVA QUE MATA En Colombia, el idioma ha sido secuestrado por la corrección política. Ya no hay asesinatos, hay "incidentes". Ya no hay masacres de soldados, hay "afectaciones a la paz". Mientras la periodista Steph Bates insiste en llamar a las cosas...
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NARRATIVA QUE MATA En Colombia, el idioma ha sido secuestrado por la corrección política. Ya no hay asesinatos, hay "incidentes". Ya no hay masacres de soldados, hay "afectaciones a la paz". Mientras la periodista Steph Bates insiste en llamar a las cosas por su nombre en el frente de guerra, la burocracia de los escritorios perfumados se esmera en montar una narrativa donde el muerto es el culpable de no haber sido lo suficientemente "resiliente" ante una ráfaga de fusil. Es fascinante ver cómo el dolor tiene estrato social en este gobierno. Si la víctima viste de camuflado, el pésame llega por X con la frialdad de un algoritmo. Si el victimario es un "gestor de paz", el Estado se desvive en justificaciones sociológicas. Estamos ante la democratización del cinismo: ahora todos somos iguales ante la ley, pero unos son más "víctimas" que otros dependiendo de qué tan funcional sea su muerte para el discurso oficial. ¿Quién responde hoy por las familias? ¿Quién abraza a la viuda que recib
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