ABEL ENRIQUE SINNING CASTAÑEDA ODIO LOS JUICIOS QUE SÓLO APLASTAN Y NO TRANSFORMAN . abensica@gmail.com LA ÉTICA DEL GOBERNANTE: CUANDO LA LEY NECESITA UNA CONCIENCIA QUE LA SOSTENGA Podemos imaginar la Constitución más perfecta del mundo. Una arquitectura...
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ABEL ENRIQUE SINNING CASTAÑEDA ODIO LOS JUICIOS QUE SÓLO APLASTAN Y NO TRANSFORMAN . abensica@gmail.com LA ÉTICA DEL GOBERNANTE: CUANDO LA LEY NECESITA UNA CONCIENCIA QUE LA SOSTENGA Podemos imaginar la Constitución más perfecta del mundo. Una arquitectura jurídica admirable, llena de controles, límites y garantías. Pero si colocamos al frente del Estado a un gobernante decidido a encontrar cada vacío, cada ambigüedad y cada posibilidad de reinterpretación para favorecer sus intereses, quizá no hagan falta muchos meses para que esa estructura empiece a debilitarse. Ahí aparece una verdad fundamental de la vida pública: no importa únicamente qué tan buena sea una ley. También se necesitan buenos gobernantes. Las normas son indispensables. Organizan la convivencia, limitan el poder y protegen los derechos. Pero ninguna ley puede prever absolutamente todas las conductas posibles. Todo sistema jurídico contiene zonas grises, debates interpretativos y situaciones nuevas que deben ser resuel
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