EL LEGADO DE UN ESTADISTA: INSTITUCIONES Y BIENESTAR, NO DISCURSOS NI CONSIGNAS La historia suele ser generosa con los discursos. Los registra, los cita y, en ocasiones, los convierte en piezas de museo. Pero la vida cotidiana de los ciudadanos es mucho...
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EL LEGADO DE UN ESTADISTA: INSTITUCIONES Y BIENESTAR, NO DISCURSOS NI CONSIGNAS La historia suele ser generosa con los discursos. Los registra, los cita y, en ocasiones, los convierte en piezas de museo. Pero la vida cotidiana de los ciudadanos es mucho menos indulgente: no se alimenta de frases solemnes ni de gestos grandilocuentes. Se alimenta de instituciones que funcionen, de servicios públicos dignos, de seguridad, de empleo, de educación y de oportunidades reales para vivir con tranquilidad. Por eso, el legado de un estadista no se mide por la cantidad de aplausos cosechados en escenarios internacionales, ni por la habilidad para presentarse ante el mundo como el dueño de una verdad ideológica. Se mide por aquello que permanece cuando termina el discurso: la solidez de las instituciones, la confianza en la justicia, la calidad de la educación, la eficacia del Estado y la posibilidad de que una familia común pueda construir su futuro sin sentirse abandonada por la nación. Gobernar
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