A una nariz pegados El catálogo de olores era interminable; Íbamos de olor en olor, detrás de la nariz... acaso “a una nariz pegados”, como aquel pobre narigón del soneto de Quevedo, sólo que nosotros más por exceso de olores que por tamaño de napia......
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A una nariz pegados El catálogo de olores era interminable; Íbamos de olor en olor, detrás de la nariz... acaso “a una nariz pegados”, como aquel pobre narigón del soneto de Quevedo, sólo que nosotros más por exceso de olores que por tamaño de napia... Fueron olores tan ciertos, tan verdaderos, que al cabo del tiempo nos dejaron una huella tan marcada, que esta vez, inevitablemente, se diría que nos toca recordar por narices. R.GALAPERO ROMERO 09/06/2017
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