TERROR
EL SIRVIENTE
Que no los asustan ni un poco los cuentos de terror -les dije a mis dos
invitados. Estábamos en la sala de mi casa.
- A mí no. Yo la paso mirando películas de terror, por eso los cuentos no me
producen nada -dijo uno de ellos.
- Y a mí...
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TERROR
EL SIRVIENTE
Que no los asustan ni un poco los cuentos de terror -les dije a mis dos
invitados. Estábamos en la sala de mi casa.
- A mí no. Yo la paso mirando películas de terror, por eso los cuentos no me
producen nada -dijo uno de ellos.
- Y a mí menos. Daniel, tal vez si fuéramos niños… Pero no me entiendas mal,
la historia era buena y narras bien, con pausas y todo -aclaró el otro.
- Está bien… que no se asustan, bien, vamos a ver. Esto que les voy a contar
ahora es real, es algo que me pasó, y son los primeros en escucharlo -y
busqué la hoja donde lo tenía escrito.
“El cura de la iglesia fue a mi casa a pedirme un favor, cosa que me
sorprendió. Sin salir de mi sorpresa pero disimulándola muy bien, enseguida
acepté. Me dejó con unos datos y una dirección escrita en un papel, y en
otro, en un papel que parecía cartón, algo escrito en latín. El favor
consistía en que fuera a reparar el vidrio roto de una ventana. De quién era
la casa no me dijo, solo que era de una familia que
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