Me voy de compras al pueblo —le dijo a Jorge su madre, el sábado por la mañana—.
Así que sé un niño bueno y no hagas travesuras.
Es una tontería decirle a un niño semejante cosa en cualquier ocasión. Inmediatamente
le hizo pensar en qué travesuras podría...
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Me voy de compras al pueblo —le dijo a Jorge su madre, el sábado por la mañana—.
Así que sé un niño bueno y no hagas travesuras.
Es una tontería decirle a un niño semejante cosa en cualquier ocasión. Inmediatamente
le hizo pensar en qué travesuras podría hacer.
—Y no te olvides de darle la medicina a la abuela a las once —dijo la madre. Después
salió, cerrando la puerta tras ella.
La abuela, que estaba dormitando en su sillón, junto a la ventana, abrió un ojillo
malicioso y dijo:
—Ya has oído a tu madre, Jorge. No olvides mi medicina.
—No, abuela —dijo Jorge.
—Y trata de portarte bien, por una vez, mientras ella está fuera.
—Sí, abuela —dijo Jorge.
Jorge se moría de aburrimiento. No tenía hermanos ni hermanas. Su padre era granjero
y la granja estaba a kilómetros de cualquier sitio habitado, así que nunca había otros
niños con quienes jugar. Estaba cansado de contemplar cerdos, gallinas, vacas y
ovejas. Estaba especialmente cansado de tener que vivir en la misma casa que
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