La caja ronca
En Ibarra se dice de dos grandes
amigos, Manuel y Carlos, a los cuales
cierto día se les fue encomendado, por
don Martín (papa de Carlos), un encargo
el cual consistía en que llegasen hasta
cierto potrero, sacasen agua de la
acequia, y regasen...
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La caja ronca
En Ibarra se dice de dos grandes
amigos, Manuel y Carlos, a los cuales
cierto día se les fue encomendado, por
don Martín (papa de Carlos), un encargo
el cual consistía en que llegasen hasta
cierto potrero, sacasen agua de la
acequia, y regasen la sementaría de
papas de la familia, la cual estaba a
punto de echarse a perder. Ya en la
noche, muy noche, se les podía
encontrar a los dos caminando entre los
oscuros callejones, donde a medida que
avanzaban, se escuchaba cada vez más
intensamente el escalofriante "tararántararán". Con los nervios de punta,
decidieron ocultarse tras la pared de
una casa abandonada, desde donde
vivieron una escena que cambiaría sus
vidas para siempre...
Unos cuerpos flotantes encapuchados,
con velas largas apagadas, cruzaron el
lugar llevando una carroza montada por
un ser temible de curvos cuernos,
afilados dientes de lobo, y unos ojos de
serpiente que inquietaban hasta el alma
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