Mayo 2014. Nº139
Inspectoría
Santa Teresa
El emperador Napoleón, llevado por la ambición y el
orgullo decidió hacer prisionero al Papa Pío VII. El
papa hizo una promesa: “Oh Madre de Dios, si me
libras de esta prisión, te honraré decretándote una
nueva...
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Mayo 2014. Nº139
Inspectoría
Santa Teresa
El emperador Napoleón, llevado por la ambición y el
orgullo decidió hacer prisionero al Papa Pío VII. El
papa hizo una promesa: “Oh Madre de Dios, si me
libras de esta prisión, te honraré decretándote una
nueva fiesta en la Iglesia Católica”. Muy pronto vino lo
inesperado. Napoleón, que había dicho: “Las excomuniones del Papa no son capaces de quietar el fusil de
la mano de mis soldado”, vio con desesperación que,
en los fríos campos de Rusia, donde estaban luchando
sus soldados, las bajas temperaturas helaba las manos
y el fusil se les caía de éstas. El que había ido de arrogante, con su ejército, regresó humillado con unos
pocos y maltrechos hombres. Y al volver, se encontró
con que sus adversarios le habían preparado un fuerte
ejército, el cual lo atacó y derrotó. Luego fue expulsado de su país y pasó en prisión el resto de su vida.
El papa Pío VII el 24 de mayo de 1814 entraba en
Roma, y en el mes de septiembre de ese año, en agradecimiento
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