Al oído de la amada
Debe oler a heliotropos y a jazmines
el plácido recinto de tu alcoba.
El cuarto coquetón en el que duermes,
ha de exhalar el singular perfume,
esa tibia fragancia deliciosa
que escapa de tus carnes transparentes
y del rubí sangriento de...
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Al oído de la amada
Debe oler a heliotropos y a jazmines
el plácido recinto de tu alcoba.
El cuarto coquetón en el que duermes,
ha de exhalar el singular perfume,
esa tibia fragancia deliciosa
que escapa de tus carnes transparentes
y del rubí sangriento de tu boca.
La olanda que te cubre, amada mía,
la que tu cuerpo mágico aprisiona,
ha de ser como un manto de rocío
defendiendo el pudor de una magnolia.
Divino encanto el de tu alcoba breve.
Dulce misterio el de tu linda alcoba
donde tantos encuentros amorosos
teje, febril, tu cabecita loca.
Donde tu frente ilusionada, arde
cuando el misterio de la vida ahondas
pensando, con rubor, en el arcano
de la anhelada noche de la boda.
¡Qué grato debe ser, amada mía,
de tu cuerpo absorber el suave aroma,
y sorprender el fuego de tus mejillas
cuando tu sangre joven se alboroza!
Por realizar tan venturoso anhelo,
por llegar al misterio de tu alcoba,
muchas veces quisiera convertirme
en una delicada mariposa,
para besar tus ojos todo sombras,
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