CENICIENTA
Había una vez un gentilhombre que se casó en segundas
nupcias con una mujer, la más altanera y orgullosa que jamás
se haya visto.
Tenía dos hijas por el estilo y que se le parecían
en todo.
El marido, por su lado,
tenía una hija, pero de una...
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CENICIENTA
Había una vez un gentilhombre que se casó en segundas
nupcias con una mujer, la más altanera y orgullosa que jamás
se haya visto.
Tenía dos hijas por el estilo y que se le parecían
en todo.
El marido, por su lado,
tenía una hija, pero de una
dulzura y bondad sin par;
lo había heredado de su
madre que era la mejor
persona del mundo.
Tras la boda, la madrasta
dio libre curso a su mal
carácter; no pudo soportar las cualidades de la joven, que
hacían parecer todavía más odiosas a sus hijas.
La obligó a
realizar todas las tareas de la casa: ella era la que fregaba los
pisos y la vajilla, la que limpiaba los cuartos de la señora y
de las señoritas sus hijas; dormía en una mísera buhardilla,
mientras sus hermanas ocupaban lujosas habitaciones,donde
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