Yo tuve la mamá más mala del mundo.
Mientras otros niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado.
Cuando los demás tomaban refrescos y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer un sándwich y un licuado.
Mi madre siempre...
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Yo tuve la mamá más mala del mundo.
Mientras otros niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado.
Cuando los demás tomaban refrescos y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer un sándwich y un licuado.
Mi madre siempre insistía en saber en dónde estábamos.
También tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y lo que estábamos haciendo.
Insistía en que: si decíamos que íbamos a tardar una hora, solamente nos tardáramos "una hora".
Me da vergüenza admitirlo, pero hasta tuvo el descaro de romper las leyes contra el trabajo de menores, hizo que laváramos trastos,
tendiéramos camas, que aprendiéramos a cocinar, a planchar y muchas cosas igualmente crueles.
Hasta creo que se quedaba despierta en la noche pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer.
Siempre insistía en que dijéramos la verdad.
Y cuando llegamos a la adolescencia nuestra vida se volvió aún más miserable.
Nadie podía tocar el claxon para que saliéramos corriendo.
Nos averg
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