La Bailarina De La Sonrisa Triste.
El otoño empieza a entrar por el Este, cambiándolo todo a su paso: Los árboles mudan de color, las hojas
empiezan a caer, las abuelas ponen tartas de calabaza a enfriar en los alféizares de las ventanas y los niños
andan...
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La Bailarina De La Sonrisa Triste.
El otoño empieza a entrar por el Este, cambiándolo todo a su paso: Los árboles mudan de color, las hojas
empiezan a caer, las abuelas ponen tartas de calabaza a enfriar en los alféizares de las ventanas y los niños
andan enfurruñados porque las clases ya han comenzado.
— ¡Me encanta el Otoño!— digo saltando dentro de un gran charco.
—¡Mía, sal de ahí o te ensuciarás la falda nueva!— Mi madre es muy buena; pero a veces se obsesiona
demasiado con la limpieza.
—Mamá.
Llevo unas botas Katiuska y un chubasquero.
No me voy a manchar— Mi madre, enfadada, me lanza
una de esas miradas que dicen: “No me repliques, niña”.
Yo, muy obediente, me salgo del charco y me pongo a
su lado.
(No quiero que me castiguen la noche que hay tarta de manzana de postre).
Vamos cruzando el parque, ya que es el camino mas corto para llegar a casa de la abuela Clara.
¡Adoro a mi
abuelita Clara! Es la abuela más impresionante que existe.
Siempre está viajando, visitando l
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