Un puñado de semillas
Concepción vivía con su abuela en una casita en la cima de un cerro.
Juntas limpiaron el
terreno para hacer un huerto.
Sembraron maíz, frijoles y ají.
—Recuerda guardar suficientes semillas para la próxima siembra –dijo la abuela–....
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Un puñado de semillas
Concepción vivía con su abuela en una casita en la cima de un cerro.
Juntas limpiaron el
terreno para hacer un huerto.
Sembraron maíz, frijoles y ají.
—Recuerda guardar suficientes semillas para la próxima siembra –dijo la abuela–.
Así
nunca te faltará de comer.
Todos los días, Concepción bajaba a la quebrada a buscar agua y regresaba con los
pesados baldes colgando de sus hombros.
Vaciaba con cuidado el agua alrededor de las matas
de maíz.
Pasaron las semanas.
El sol brillaba.
Luego, llegaron las lluvias y el maíz creció muy alto.
Los tallos de los frijoles se enroscaron en busca del sol y las matas de ají florecieron.
Cuando el maíz, los frijoles y el ají maduraron, la abuela entregó parte de la cosecha al
dueño de la tierra y guardó suficiente para tener con qué comer.
Vendió el resto al vecino que
lo llevó al mercado de la ciudad, allá lejos, en el valle.
Un día triste, la abuela murió.
—No te puedes quedar aquí –dijo el dueño de la tierra a Conc
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