1 ¡Buenos días,
buenos días!
Buenos días, buenos días, buenos días.
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Óscar se despierta de golpe.
¡Oh, no! Durante la noche le ha entrado la
enfermedad del «Buenos días, buenos días», la que es tan difícil de curar.
Cuando se sufre ese mal, es...
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1 ¡Buenos días,
buenos días!
Buenos días, buenos días, buenos días.
.
.
Óscar se despierta de golpe.
¡Oh, no! Durante la noche le ha entrado la
enfermedad del «Buenos días, buenos días», la que es tan difícil de curar.
Cuando se sufre ese mal, es imposible pronunciar algo aparte de «Buenos días,
buenos días».
Ya la ha padecido otra vez.
Óscar va al baño y se lava.
–Buenos días, buenos días –dice a su imagen en el espejo.
¿Desaparecería la enfermedad tomando un gran sorbo de agua fría, igual que
ocurre con el hipo? Óscar abre el grifo y deja correr el agua.
Se agacha y bebe
a grandes sorbos lo más rápido posible.
Lo hace tan deprisa que está a punto
de atragantarse.
–Buenos días, buenos días –dice de nuevo.
El truco con el agua no ha servido de nada.
Óscar suele llegar al colegio a las
ocho menos diez.
Joakim y Miklos ya están sentados en sus pupitres.
Óscar
saca un bolígrafo y el bloc de dibujo de su cartera y escribe en una hoja:
Hoy no puedo hablar, porque tengo la enfe
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