RECICLAR, RECICLAR Un día, Maya iba caminando por la calle junto a su madre cuando empezó a escuchar a alguien llorar. Miró dentro de un cubo y vio que había una botella llorando. - Hola, botella, ¿cómo te llamas? Y, ¿por qué lloras? - Hola. Me llamo...
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RECICLAR, RECICLAR Un día, Maya iba caminando por la calle junto a su madre cuando empezó a escuchar a alguien llorar. Miró dentro de un cubo y vio que había una botella llorando. - Hola, botella, ¿cómo te llamas? Y, ¿por qué lloras? - Hola. Me llamo Botellín y lloro porque me han dejado aquí tirado en el suelo y ahora no me podré reciclar. - Bueno, no llores, Botellín, -dijeron Maya y su madre- nosotros te ayudaremos a llegar donde tengas que ir para que puedas reciclarte. - ¿Sí? -dijo Botellín muy alegre- No me lo puedo creer. ¡Qué bien! Menos mal que alguien me ayuda. Pues veréis, me tenéis que llevar a un contenedor que es mi casa. - Y, ¿cómo es ese contenedor Botellín? - Pues es verde y redondo y allí me recogerán para poder reciclarme y poder convertirme en un bonito jarrón o un fantástico vaso. - Bueno, pues nada, se acabaron las lamentaciones -dijo la mamá de Maya - métete aquí en mi bolso que te acercamos. Botellín, de un brinco, saltó al interior del bolso de la mama de Maya
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