María Alonso Páez sigue asomando la mirada a la tradición escénica y al sentimiento.
Le fascina la fantasía.
Es cuestión de gustos.
Mientras en la mirada de los contemporáneos prima por encima de todo la idea escénica en
sí o el manejo de nuevas...
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María Alonso Páez sigue asomando la mirada a la tradición escénica y al sentimiento.
Le fascina la fantasía.
Es cuestión de gustos.
Mientras en la mirada de los contemporáneos prima por encima de todo la idea escénica en
sí o el manejo de nuevas herramientas para el diseño/creación, en la mente de los artistas conservadores como
María, quedan aún perdurables y silenciosos los que fueron experimentos formales de la imagen natural, y las
tendencias fantasiosas de la creación expresiva, vista o paralizada por la fijación de la herencia clásico-estética.
No hay novedad en el panorama -mercado-, si no es en la distancia que cada vez aleja más a los dos bandos.
Sin
embargo, de una forma u otra, la mirada siempre se para en la escena: lo que importa es representar, en ambos
casos.
Hubo un tiempo interpretado como abstracto, durante el cual los artistas repu¬diaban al modelo como figura
escénica, representativa de algo o de alguien simbólico…
Detrás de ese tiempo absorto en la filosofía
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