Destinos Errantes Danielle Steel CAPITULO PRIMERO El sol penetraba a raudales a través de las grandes vidrieras, arrancando destellos de luz de todos los objetos de la casa. La repisa de nogal labrado de la chimenea de uno de los dos salones frontales...
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Destinos Errantes Danielle Steel CAPITULO PRIMERO El sol penetraba a raudales a través de las grandes vidrieras, arrancando destellos de luz de todos los objetos de la casa. La repisa de nogal labrado de la chimenea de uno de los dos salones frontales brillaba como un espejo, y sus rosetones y bustos femeninos habían sido perfectamente lustrados con aceite. La alargada mesa de marquetería del centro de la estancia era no menos hermosa, aunque apenas se la podía ver bajo los montones de tesoros pulcramente apilados encima de ella desde hacía varias semanas: figuras de jade, enormes bandejas de plata, manteles de encaje, dos docenas de soberbios cuencos de cristal tallado y por lo menos, tres docenas de saleros y pimenteros de plata y catorce candelabros de plata. Los regalos de boda estaban pulcramente alineados sobre la mesa como en espera de una inspección, y al final de la mesa había un cuaderno y una pluma estilográfica negra para escribir el nombre del donante y su correspondiente
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